El jefe mafioso no esperaba lo que sintió al verla-MinhTrang

—No tienes que hacer esto.

Angela Kerr lo dijo de pie en medio de un penthouse que no sentía suyo, con la lluvia golpeando los ventanales y una ciudad entera extendida bajo sus pies como si estuviera demasiado lejos para salvarla.

Llevaba un vestido que no podía permitirse, unos zapatos que le apretaban en los costados y una calma prestada que se había fabricado a fuerza de repetir la misma frase durante horas.

Había ensayado esas palabras frente al espejo de su pequeño apartamento.

Las había repetido en el taxi.

Las había vuelto a decir en silencio dentro del ascensor mientras los pisos subían y ella sentía que también subía hacia algo capaz de romperle el corazón o devolverle la poca dignidad que aún conservaba.

Jack Mloud no respondió.

Estaba junto al carrito de bebidas, de espaldas parciales al skyline, con el saco desabrochado y la mandíbula tensa en esa línea dura que no era indiferencia, sino control. Todo en él sugería el tipo de poder que no necesita anunciarse. El tipo de hombre cuya quietud pone nerviosos a otros hombres poderosos.

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